Sánchez Pardo mostró cómo la documentación escrita y la arqueología permiten alejarse de la idea de una época “oscura”. Las fuentes escritas muestran una compleja articulación del territorio con villas, villares, lugares y casares. Excavaciones como las de Combarro o Portomeio revelan aldeas, necrópolis y fortalezas bien planificadas, así como cerámicas y restos domésticos que permiten reconstruir la vida cotidiana. El papel de los monasterios, como Samos, con grandes propiedades, fue clave en la organización agraria y religiosa, dejando huella en el territorio; un ejemplo serían las terrazas de cultivo e iglesias que evidencian la continuidad y transformación del mundo romano. Lejos de una etapa de oscuridad, la Alta Edad Media gallega aparece como un tiempo de innovaciones, planificación social e interacción entre campesinado, aristocracia e iglesia.