El profesor Carrera explicó que los dólmenes funcionaban como auténticos marcadores del territorio, espacios complejos cuyo simbolismo se intensifica cuando sus losas están decoradas. El arte parietal, ya sea grabado o pintado, transmite un mensaje ancestral de gran valor patrimonial.
La técnica variaba según la dureza de la piedra: podía grabarse, pintarse sobre el surco o aplicarse la pintura directamente. Anta dos Muiños muestra capas sucesivas de pintura simple (roja) y compleja (amarilla sobre caolín), con motivos como antropomorfos y ondulados que representan túnicas. Estos repintados indican reutilizaciones y largos periodos de uso.
Los análisis identifican pigmentos negros hechos con carbón y aglutinantes orgánicos como grasa láctica, lo que prueba la existencia de ganado vacuno hacia el 3500 a. C. y el aprovechamiento de los llamados productos secundarios (por ejemplo, obtener mantequilla de la leche). Las dataciones amplían el horizonte del megalitismo hasta finales del III milenio. El ponente insistió en la necesidad de divulgar y proteger este patrimonio como parte de la identidad ciudadana.